Devocionales

Amando el Evangelio que nos Salvo

Romanos 15: 22-24

22 Por esta causa me he visto impedido muchas veces de ir a vosotros.

23 Pero ahora, no teniendo más campo en estas regiones, y deseando desde hace muchos años ir a vosotros,

24 cuando vaya a España, iré a vosotros; porque espero veros al pasar, y ser encaminado allá por vosotros, una vez que haya gozado con vosotros.

El apóstol Pablo quizá es el mayor ejemplo de un espíritu de disposición en la predicación del evangelio, podemos ver en la Biblia todas las naciones, regiones y ciudades que él recorrió en algunos casos más de una vez predicando la Palabra del Señor. También todos los padecimientos por los que el atravesó.

Estos textos nos dicen que Pablo tenía un anhelo ferviente por ir a predicar a Roma, pero el trabajo evangelístico en otros lugares se lo había impedido, sin embargo al ver que ya había cubierto prácticamente toda el área que se había dispuesto visitar, busca y ve la oportunidad de ir a otro lugar a predicar el evangelio. ¡Qué compromiso, que fidelidad y que amor de este hombre por la obra de Dios!

Querida  hermana  ¿tenemos y mostramos la misma disposición que el apóstol Pablo por el trabajo evangelístico y en general por la obra del Señor?

Como mujeres cristianas tenemos mucho campo de trabajo en la obra, muchas veces pensamos que para nosotras no hay que hacer en la obra y que la más grande labor la tienen los varones en nuestras congregaciones.

Podemos llevar el evangelio en lugares como:  nuestras áreas de trabajo, a nuestros vecinos, a nuestros familiares cercanos, etc. Otro aspecto muy importante a través del cual podemos mostrar el evangelio, es por medio de nuestras conductas como mujeres piadosas. Muchas veces nuestras vidas hablan más de lo que creemos y no creemos, que mil palabras que pronunciemos y queramos transmitir a otros (Tito 2:7 Presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras…).

Debemos ser mujeres que cumplamos con el mandato que Dios ha dado a todos sus hijos de ir y predicar el evangelio, esa debe ser nuestra disposición como mujeres piadosas y temerosas del Señor. Mostremos amor por el evangelio, ese evangelio que un día llego a nosotras por la pura misericordia de Dios.

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